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Resort-me
Hasta antes de Charles Frederick Worth, el primer diseñador de la historia –como les conocemos hoy-, el concepto de temporadas en la moda no...
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¿Quién es Norma Kamali? ó Me Blog-mito
Primero que nada y por el enorme respeto que me merecen, pido perdón por mi ausencia. Larga. Injustificada. Pero creo que necesaria. Cuando Pedro Almodóvar creó su personaje de ficción Patty Diphusa, hubo un momento en que la eliminó porque ya no sabía que hacer con ella. Y a mi me pasó lo mismo, y no es que no supiera que hacer con el Blog, sino que no encontraba nada que decir que creyera fuera interesante para ustedes. Las reseñas de los desfiles de moda a los que voy usualmente las hago para las revistas o periódicos para los que trabajo, así que a veces me queda poco material del que echar mano. Es cierto: contar un poco lo que veo alrededor, a que celebridad le dieron mejor sitio o quien iba vestida como una mamarracha siempre resulta jugoso… pero no siempre estoy en ese mood.
Además, a veces me asusta un poco este tema de los blogs. Lo confieso. Lo blog-mito aquí mismo: ¡Leo cada cosa! ¡Veo cada cosa! Gente que habla por hablar, que escribe por escribir. Que juzga y opina sin tener la más pálida idea de lo está diciendo. Que creen que Lanvin es una marca que se inventó Alber Albaz. Que destrozan una fashion week (de Barcelona, Madrid o Valencia) solo porque no los sentaron en primera fila. Que juzgan los desfiles sin objetividad porque ni siquiera se molestan en ver que pasa en otros foros de moda del mundo. Que están en este negocio creyéndose Anna Wintour o la Roitfeld. Y la verdad es que me da miedo. Me aterroriza que me metan al mismo cajón.
Cuando daba clases, la mejor forma de ver si mis alumnos de la carrera de diseño de modas estaban en el camino correcto, era preguntándoles: “¿Saben quien es Norma Kamali?” y no fallaba. Los muy pocos que lo sabían eran quienes serían buenos alumnos durante todo el curso. Me parece muy bien que hoy haya foros para que el mundo exprese lo que piensa. Como Voltaire, “podré no estar de acuerdo con lo que dices, pero daré la vida por que lo digas”, pero invito a los bloggers a que se informen, se instruyan. A que lean a la gente que sabe: Suzy Menkes, André, Glenda Bailey, Eugenia de la Torriente. Piensen que poner un pensamiento, una consigna, un juicio allí fuera es una responsabilidad. Sus palabras los definirán. Y harán que queden como genios… o idiotas.
Resort-me
Hasta antes de Charles Frederick Worth, el primer diseñador de la historia –como les conocemos hoy-, el concepto de temporadas en la moda no existía. Este creador, que abriera su primer taller en 1857 y que volvía loca a Eugenia de Montijo con sus creaciones, fue el que implantó el concepto de Haute Couture y de confección, que luego se llamaría prèt-â-porter, presentando colecciones dos veces al año, con los cambios importantes de clima.
Desde entonces, el mundo ha cambiado muchísimo. Hoy ya no solo hay temporadas de otoño-invierno y primavera-verano, sino que los diseñadores han descubierto que, con los cambios climáticos y la facilidad que se tiene hoy día para viajar, se puede pasar de un gélido invierno en Europa a un cálido verano en Argentina en cuestión de horas.
Karl Lagerfeld descubrió esto hace menos de diez años y decidió lanzar una colección intermedia llamada “Crucero”. La idea fue tan bien acogida por las mujeres del mundo que ahora, todos los diseñadores tienen una colección de crucero en su haber.Ideal para las mujeres que viajan en navidades a destinos tropicales o para aquellas que viven en sitios donde el clima no es extremo. Se trata de prendas, como definirían nuestras abuelas, de “entretiempo”.
Una de mis favoritas de esta temporada es la de Viktor & Rolf. Tocada por su magistral mano de sastrería, las prendas de esta colección son de un corte impecable, perfecto. Inspirada en los años sesenta y setenta, esta colección tiene ligeros tintes futuristas, un “mood” muy Twiggy, Peggy Moffitt… o incluso Jaclyn Smith. Gabardinas, trajes de lana ligera de pantalones con pata de elefante, vestidos camiseros, cortos, faldas largas… Pero lo que mas seduce son sin duda sus detalles. Holanes magníficos que decoran las prendas para dar un toque más vivaz a las mismas. Cuellos mayúsculos en las blusas que juegan en ocasiones, con las dimensiones de las mangas.
Negro, blanco, azul y amarillo mostaza, un color que es uno de los nuevos fetiches de temporada. ¿La silueta que más me fascina? Sus trajes estilo masculinos de dos piezas y sus smokings. Con corbata o un lazo. No obstante, el abrigo “oversized” con volumen de impacto, es seguramente una prenda que las celebridades van a amar. Tanto como yo.
Chanel y su primaveral oda a Neptuno.
Sigue sorprendiendo. No se detiene. Y esperemos siga así por mucho tiempo más. Karl Lagerfeld, en su reciente colección de primavera-verano 2012 para Chanel encontró nueva inspiración en las profundidades oceánicas. Mezclando los sempiternos símbolos de la casa fundada por Mademoiselle con formas marítimas inesperadas, ha dado vida a una colección francamente deliciosa.
El mismo Lagerfeld dice que este universo imaginario que ha recreado como marco de la colección en su desfile, lleno de peces, corales y siluetas abstractas, nace de una reinterpretación de los seres marinos cuyas formas reales tienen una gran modernidad. La silueta para esta primavera se suaviza y aligera; se caracteriza por una imagen aplanada al frente y con volumen en la parte posterior. Las eternas chaquetas en esta ocasión son un híbrido entre la silueta clásica de Chanel y una más contemporánea y minimalista. Los vestidos van desde el trapecio –tremendamente favorecedor- hasta otros con volúmenes inesperados en las mangas o la cintura, Impermeables ligeros de PVC, micro-shorts o jeans plastificados, faldas de muselina plisada (una de las grandes tendencias para la próxima temporada de primavera) o de seda grabada.
Texturas y más texturas… ya sea las que imitan a la espuma del mar, algas o anémonas. Al igual que en los años sesenta, la experimentación con nuevos materiales como el Silicón, celofán o hasta la fibra de vidrio logran formas, sensaciones y efectos completamente inesperados. ¿Y que decir de los colores? Suaves y pasados por agua: rosa porcelana, blanco nacarado, coral y azul acuático.
Me fascinan los detalles como las prendas orladas de “medusas”, los bolsos de piel ultrasuave, el clutch en forma de concha de resina irisada, el bolso cuadrado enredado en cadenas) como un tesoro que se rescata del fondo del mar) o el de piel exótica bordado de perlas… perlas que se ven por doquier: en los escotes de los vestidos, en las espaldas de los trajes o de las mismas modelos como si fueran criaturas de la Antártida.
Si: me fascina. Porque está en tendencia y porque impone otras nuevas, que seguro los demás copiarán… Pero siempre ha sido así. Chanel rules… ¿o no?
Del cielo… a Target.
Mi suegra, una sabia mujer, me dijo un día: “Un amigo es un tesoro. Y lo es más si vive en París o Nueva York”. Y no podría estar más de acuerdo con ella. Yo agregaría a su frase una ciudad más: Los Ángeles, donde no tengo a un amigo, sino a parte de mi familia. Esta posición geográfica los hace víctimas constantes de locas y extravagantes peticiones por mi parte. Como por ejemplo, ir a enfrentarse a un grupo de californianas fuera de si para poder conseguirme parte de la colección de Missoni para Target, que salió a la venta (y se agotó) apenas ayer.
Nos fascina: admitámoslo. Ir a formarnos al amanecer cuando H&M lanza sus colecciones de diseñador. Mandar al primo, al novio, al amigo a que nos compre algo si nosotros no podemos. Es como una droga. Un amigo mío que trabaja para una súper importante firma de moda, arruga la nariz cuando escucha “Lanvin for H&M” o ahora “Missoni for Target”. “Eso no es Lanvin ni Missoni” -dice- y puedo entender su punto de vista, porque lo que hace extraordinarias a estas grandes marcas es su calidad, acabados, diseño y materiales, mismos que para poder tener un precio masivo, tienen que descender, a veces dramáticamente, de nivel.
Pero ¿El de Target es inferior en estilo original, al de 500 euros por cardigan? Su creadora, Margherita Missoni, dice que no: es simplemente una variación en la elección de materiales, pero el diseño y la confección son absolutamente iguales. Esta es una oportunidad para que más personas conozcan y se enamoren de la marca, según dijo para las noticias en CNN. Y vaya que se enamoraron de ella: la web de Target se colapsó en las primeras horas de la mañana y casi toda la mercancía se agotó tan solo en horas. Claro que horas más tarde, se subastaban en Ebay por mínimo cuatro veces más se valor de venta.
Yo al igual que Margherita, creo que no hay un buen o mal Missoni (o Versace, ahora que viene la colección para H&M) sino el Missoni que cada uno puede comprar. Y no hay nada de malo o vergonzoso en ello, porque si lo hubiera, los mismos diseñadores no avalarían un producto que no tuviera la altura requerida. Me niego a pensar que Alber Albaz odiaba los vestidos que hizo el año pasado, o Lagerfeld sus trajes y t-shirts para Macy’s hace un mes. Creo que este gran intento por democratizar la moda es loable y me suscribo a el. Lleva orgullosamente tu vestido tejido de colores de Missoni para Target con unos Manolos. O no. Al final, es cómo llevas lo que llevas lo que cuenta. Estilo puro y duro. Y no importa si viene de una boutique en Montenapoleone o de un Target perdido en medio del Orange County.
Acúsome padre, que he brillado…
Corría el año de 1984 cuando una Madonna barroca pujaba en la radio y las pistas de baile aquello de “Like a Virgin”. Mis ojos miraban golosos los rosarios y los kilos de pedrería con los que la diva en ciernes adornaba sus atuendos. El brillo, tan único, era de cristales de Swarovski. Desde ese momento y gracias a la ex-señora Penn y Ritchie, me comenzó a gustar todo lo que brillaba, como a una urraca. Iba a los mercadillos y compraba pedazos de joyería, pendientes desparejados y los ponía todos en mis chaquetas, con alfileres o cosidos, así, sin ton ni son. Solo para brillar. Una de mis fiestas de cumpleaños (no diré cual ni el año) se tituló “Diamante” y todo mundo estaba obligado a venir cristalizado. Creo que desde que se nos vino encima a mis primos y a mí el chandellier de mi tía Juana, nunca había visto más brillo alrededor mío.
Con más o menos intensidad, osadía y temeridad, he usado cristales de Swarovski en mi vida cotidiana a lo largo de las pasadas décadas. En los noventa, la era del minimalismo, me conformaba llevándolos en una oreja: el pendiente que cambiaba de acuerdo a mi ropa. Quizá alguno que otro detallando una prenda, como un remache en unos vaqueros. Conforme llegaban los 2000, la moda se fue relajando y la influencia de los años 80 se dejó sentir de nuevo. Así que volví a las andadas y, a estas alturas del partido, aquí pienso quedarme. Si: Me encanta brillar. Pasar por una boutique de Swarovski puede hacerme el día… y salir de ella con alguna cosita para colgarme, prenderme en la solapa o ponerme en la muñeca, ya ni os cuento. He tenido la oportunidad de entrevistar un par de veces a Nathalie Colin, Directora Creativa de la firma y, después de cada charla, me enamoro más de lo que hacen. Esto de incluir un poco de la alegría que da una pieza con cristales en la vida diaria me parece un acierto notable.
Y bueno. La colección de otoño invierno es, de verdad, una de las mejores que han tenido en años. Esta inspiración en aves un poco góticas –que nos evocan un poco al espíritu de Alexander McQueen- me parece que va perfecto con casi todas las tendencias de moda para esta temporada. Plumas, el ave fénix, corazones rotos (y vueltos a coser) calaveras ornamentadas muy en la onda de Victoire de Castellane y cristales en azul profundo, púrpura y hasta negro (para la colección masculina) son una franca tentación para quienes amamos ornamentarnos tanto como respirar.
Si, señoras y señores. Padre. Confieso que he brillado. Y más que brillaré mientras haya Swarovskis a mi alcance. Y remato esta confesión con un recuerdo de mi época Desperately Seeking Susan: Una tarde fui a casa de un amigo cuya familia era ultra conservadora. Como si esto no fuera suficiente, esa tarde los visitaba un cura amigo de su padre. Yo llevaba una gabardina con unas hombreras que hubiera envidiado Locomía y las solapas cuajadas de pedruscos. Cuando entré al salón, el cura y el padre de mi amigo se quedaron de piedra. Sus sobrinos pequeños corrieron para verme, tocarme… Nunca habían visto algo igual. El cura se aproximó a mí con paso lento. Yo temí lo peor: una excomunión mínimo. Entonces, puso su mano en mi hombro y me dijo: “Ahora sé lo que es la entrada de una estrella”.
To trend or not to trend… he ahí la cuestión.
Antaño, las secciones más leídas en las revistas de moda eran las de lo “IN & OUT”. En ellas, redactores feroces daban sus puntos de vista, muchas veces arbitrarios, acerca de lo que estaba moda y lo que no. Hoy, muy pocas publicaciones las conservan, como el Harper’s Bazaar americano. En la pasada temporada de desfiles en París, me encontré con Glenda Bailey, su directora, y no pude evitar preguntarle sobre la mencionada sección y si, en épocas como la nuestra donde la moda cambiaba de un día para otro, no era un poco arriesgado tener opiniones tan radicales acerca de lo que puede llevarse o no. La Bailey, con su claridad y afabilidad acostumbradas me dijo: “Si, es arriesgado, pero la industria editorial adora los riesgos, ¿no? Y además, todavía hay mucha gente que necesita este tipo de dirección, de consejo. Los lectores lo piden”.

Y puedo entender su postura. Hoy, las tendencias se han diversificado tanto que a la gente poco enterada le cuesta mucho trabajo entender que es lo que se lleva: ¿Militar, ochentero, rock & roll? Las revistas de moda muestran su “Biblia de tendencias” cada seis meses y aunque hay coincidencias entre ellas, nunca son exactamente las mismas. Ergo, si las sumáramos todas, tendríamos hasta unas 30 tendencias por temporada. Así, ¿Cómo es posible estar a la última moda? Y la respuesta es simple y hasta obvia: no estándolo. Hoy, lo verdaderamente “trendy” es no ir a la última, sino a la penúltima, o quizá a la antepenúltima moda.

Y hay que verlo con gusto, porque es incluso mejor para nuestros bolsillos. Estas mujeres que van vestidas de pies a cabeza con una sola marca (tú menciónala) ya son mal vistas: son cursis, paletas. El “all over look” que estuvo tan de moda en los inicios de la pasada década hoy nos hace arrugar la nariz. Las parisinas “nice”, por ejemplo, lo identifican con el dinero nuevo, venido de Asia y Europa del Este. De wannabe.
Lo maravilloso del momento en que vivimos es que, las tendencias están para servirnos a nosotros y no al revés. Hace un par de semanas, Linda Evangelista salía del restaurante L’Avenue en París con jeans, chaqueta negra y unas ballerinas de la Ligne Cambon de Chanel de hace más de 5 años. Y nadie pudo decir que no iba a la moda. A ver quien se atrevía. De hecho, la Evangelista es una gran amante de la moda, pero no le gusta usar las prendas del momento: siempre la veremos con chaquetas Chanel Vintage, que además, a nadie le quedan como a ella.

Señoras y señores, éste es el consejo: infórmense, lean revistas y blogs y entérense de la última locura de Mugler o de la nueva maravilla de Givenchy. Hagan el proceso mental de separar esa prenda que les gustó y piensen en juntarla con una pieza básica que ya tengan en el armario o que puedan comprar con las monedas que lleven en el monedero. Y ¡Presto! este es el camino actual de la moda: absolutamente retorcible y acomodaticio a tus fines y deseos. No podría ser de otra forma, estamos en crisis, ¿Qué no?

Yo, amante hasta la necedad de la moda y habiendo cometido muchas locuras en mi vida que me han orillado a comer bollitos por meses hasta acabar de pagar el bolso que me había comprado, hoy veo las cosas desde otro ángulo. Compro, si, pero con más cautela. Me deslumbran los leopardos de Ricardo Tisci, pero ya no vendería a mi primogénito por ellos. Quiza me esperaré a que los tengan al 80% de descuento. Entonces quizá. Una chaqueta de Margiela o de McQueen quizá valgan la pena, porque son pièces de résistence que, como los Chanel de la Evangelista, se verán impecables siempre.

Y ya no me da miedo que alguien me diga: “¡Huy, eso es de la temporada pasada!” porque esta actitud, justamente, es la que ya no es trendy.

























































